Traducción al español a continuación

The Fire of Unity.

“What does it mean to truly unite in the face of adversity?” As we grapple with this question, we must look to our roots, our shared history, and the path that lies ahead.

 The Episcopal Church is a tapestry woven with countless stories of struggles, failures, and victories. From the early days of challenging societal norms to the modern battles for inclusivity, our legacy is rich, profound, and imperfect. How do we honour this legacy and recognize our shared aspirations? It’s not merely a church; it’s a movement, a ringing call to unity, a testament to the spirit of inclusiveness.

We find ourselves at a crossroads, where differing voices echo with passion and concern. Inspired by the enduring wisdom of the Book of Acts, we must remember: “And the multitude of those who believed were of one mind and one spirit” – Acts 4:32. This scripture isn’t just words on a page; it’s our rallying cry. Our General Convention is not a mere gathering; it’s the very pulse of our community. Democracy isn’t just about majority rule; it’s the chorus of diverse voices, the dance of myriad perspectives, and the collective heartbeat of a community that refuses to be silenced.

To Listen is Human; To Hear, Divine. In the discord of voices, the challenge lies not in listening but in truly hearing. To feel another’s pain, to understand another’s perspective, to recognize the anguish and hope in another’s voice – this is our sacred duty. Yet, in the face of challenges, we must never relinquish hope. Hope is our compass. No matter how dark the days, we must never let go of hope. Every challenge shapes us, and every disagreement gives us a new perspective. With every difficulty comes growth, and with every conflict comes understanding. As we navigate these tumultuous waters, let us remember Steve Biko’s words: “It is better to die for an idea that will live than to live for an idea that will die.” With aspiration and prayer, we advance towards a brighter, more united future.

In conclusion, dear siblings, as we stand at the crossroads of tradition and change, we must ask ourselves: How will we answer the call to unity? Let us face our challenges head-on, with genuine understanding, love, and faith. Let us work together to bridge the divide, for in unity, we find our true strength. Until our paths cross again, let the fire of unity burn bright, guiding us towards a future where every voice is heard, and every heart connects.

Your servant in Christ, Lester.


El fuego de la unidad.

“¿Qué significa unirse de verdad ante la adversidad?”. Mientras lidiamos con esta pregunta, debemos mirar a nuestras raíces, nuestra historia compartida y el camino que tenemos por delante.

 La Iglesia Episcopal es un tapiz tejido con innumerables historias de luchas, fracasos y victorias. Desde los primeros días en que desafiaba las normas sociales hasta las batallas modernas por la inclusión, nuestro legado es rico, profundo e imperfecto. ¿Cómo honramos este legado y reconocemos nuestras aspiraciones compartidas? No es simplemente una iglesia; es un movimiento, una llamada a la unidad, un testimonio del espíritu de inclusión.

Nos encontramos en una encrucijada, en la que voces diferentes resuenan con pasión y preocupación. Inspirados por la perdurable sabiduría del Libro de los Hechos, debemos recordar: “Y la multitud de los que habían creído era de un mismo sentir y de un mismo espíritu” – Hechos 4:32. Esta escritura no son sólo palabras en una página; es nuestro grito de guerra. Nuestra Convención General no es una mera reunión; es el pulso mismo de nuestra comunidad. La democracia no es sólo la regla de la mayoría; es el coro de voces diversas, la danza de perspectivas innumerables y el latido colectivo de una comunidad que se niega a ser silenciada.

Escuchar es humano; oír, divino. En la discordia de voces, el reto no consiste en escuchar, sino en oír de verdad. Sentir el dolor ajeno, comprender la perspectiva de otro, reconocer la angustia y la esperanza en la voz de otro: éste es nuestro deber sagrado. Sin embargo, ante los desafíos, nunca debemos renunciar a la esperanza. La esperanza es nuestra brújula. Por muy oscuros que sean los días, nunca debemos renunciar a la esperanza. Cada desafío nos forma, y cada desacuerdo nos da una nueva perspectiva. Con cada dificultad viene el crecimiento, y con cada conflicto viene la comprensión. Mientras navegamos por estas aguas tumultuosas, recordemos las palabras de Steve Biko: “Es mejor morir por una idea que vivirá que vivir por una idea que morirá”. Con aspiración y oración, avancemos hacia un futuro más brillante y más unido.

En conclusión, queridos hermanos, al encontrarnos en la encrucijada de la tradición y el cambio, debemos preguntarnos: ¿Cómo responderemos a la llamada a la unidad? Afrontemos nuestros retos de frente, con auténtica comprensión, amor y fe. Trabajemos juntos para superar las diferencias, porque en la unidad encontramos nuestra verdadera fuerza. Hasta que nuestros caminos vuelvan a cruzarse, dejemos que el fuego de la unidad arda con fuerza, guiándonos hacia un futuro en el que cada voz sea escuchada y cada corazón se conecte.

Su servidor en Cristo, Lester.